miércoles, 8 de marzo de 2017

A través del espejo vi su sonrisa, luego se acurrucó en mí.
Quise decirle que su cabello era suave,
que sus manos sobre mis rodillas eran justas,
que el ruido de la calle parecía música,
que el viento era fresco,
que ya no era necesario tener miedo.
Supe que pensaba en el pasado, quizás añoraba,
reconocía que yo no sería eterna y así en fragmentos, me amó.
No pude moverme.
¿Cómo continuar el camino a casa si ahí, las dos, lo teníamos todo?
Creo que tembló, algo, la tierra, sus ojos, mi piel, algo se sacudió.
Fue un instante de prolongar la fuga del tráfico
de los mandados, del deber y de la duda
sus ojos cerrados y su respiración pausada,
mi cuello sudado convirtiéndome en una estatua de sal.
Me creía dueña de las palabras
pero fue ella la que supo decir buenas noches
y emprendí la vuelta,
segura ella, segura yo, que habrán pretextos para venos mañana.



martes, 7 de febrero de 2017

Me parece que es un sueño estar sin ti
y que voy a despertar
sin querer imaginar tu aroma al regresar de trabajar
Cierro los ojos y las curvas de tus dedos se dibujan en los míos
tan exactos, tan malditos, tan majaderos
y me revuelco en otros cuerpos sin encontrarme contigo
de pura casualidad
Es que no vas a venir

y yo no iré a ningún lado

jueves, 5 de noviembre de 2015

Junto a la cama, dos vasos vacíos de whisky
se preguntan qué será ahora de mí
nada
no soy la abandonada.
Desposeída del velo de la embriaguez
cada uno de mis sentidos recuerda.
Yo no olvido,
escucho los susurros, la música y el tamborileo de un par de manos
que asieron mi cintura.
No, no soy la despojada.
Soy la incrédula de la montaña rusa
de cuya cima dejé caer mi cuerpo con los ojos cerrados
abandonada al vértigo y al éxtasis.
Después, mi voz sabe despedirse,

y dice adiós, hasta mañana.
Los pies se cansan
la  espalda se encorva bajo el peso inservible
que nunca voló
la vida se aferra con barrotes
dentro de una caja blanca
Quieres saludar a quien pasa por la acera de enfrente
pero las piernas están hechas de agua
que se desbordan
llegan a la garganta
callan callan callan
apresando un pesado silencio que necesita ocuparse
para ahuyentar la locura
para poder decir que la ausencia es una mentira.
La juventud vale nada
cuando el cuerpo inmóvil se preocupa sólo
por lo que no puede hacer
hay alas también en el pecho
que nunca volarán

pesan pesan pesan
Me vale tres pitos si no me quiere ni un poquito, señora.
Necesito cuando menos su mirada ausente
para cobijar las noches.
No es necesario que piense en mí todo el día, señora.
Mi lealtad no depende de sea mi devoto,
soy de usted sin reservas.
Sé muy bien que quizá ni siquiera me reconozca, señora.
Para mí usted es centro de todo espacio
su respiración es mi tiempo.
Sé muy bien que pudiera revolotear entre amores, señora,
y que yo a veces apenas puedo volar bajo
mi infinito es pequeño.
Es que me vale tres pitos que no me quiera ni un poquito, señora.
Mi amor es suyo sin importarme lo que usted piense.
No reconozco otro anhelo
ni otra mano
ni otra voz que me diga
a pleno mediodía

que apague la luz.

lunes, 26 de octubre de 2015

Pardos II

Pardos II

Si me miras así corro el riesgo de perderme
Y Nunca he sido buena encontrando caminos. Soy torpe… tan torpe
Y tropiezo

-Caer no es malo. Caer no es bueno. En el suelo aprendí a llamar a las hormigas por su nombre, a reconocer que la tierra negra es la más fértil.

Cuando era niña, creo,
 yo también veía las cosas con ojos parecidos a los tuyos
e imaginaba
-Pensaba historias. Encerrada en mi cuarto nacían lugares, nacían personas, y voces susurrantes que me dicen extrañan esa manera de mirar.

Podría navegar en tus ojos,
luego hundirme y volver a salir de ellos para navegarte
mil veces

-Mil es un número corto. Mil es un número cómodo que no se presta a promesas de eternidad que no vienen al caso.

Intento, lo intento tanto.

-No logro dejar de pensar tus ojos en la madrugada

Me pierdo, imagino, navego, me hundo, lo intento
Y vuelo


                                                                                              -Tus ojos son alas

Pardos


No se trata de una historia de amor
Sino de un par de ojos pardos.
Ojos de encuentro, conmigo, contigo.
De amantes que se esperan
por las madrugadas.
Ojos que observan, que miran,
que tocan, que fuman y sueltan carcajadas.
Ojos que oxidan corazas
de  mil pensamientos repetidos,
que deshacen miedos,
que enloquecen dudas,
ojos que parecen galaxias.
No, no se trata de una historia de amor.
Se trata de esperanza.
De consciencias suspendidas
en un limbo de incertidumbre.
Ojos tierra, Ojos sol.
Faros y estrellas
 en un cruce de caminos
donde se corre el riesgo de perder el alma.
Ojos de riesgo, de vértigo, de extravío,
ojos también de calma
Estos ojos no son historia
Son ojos vivos, ojos puros, ojos tiernos
ojos ahora.

lunes, 19 de octubre de 2015

Conversándote

A-Comenzó con una luna
B-¿Una noche de luna?
A-No, solo la Luna. Y había música
B-¿Había?
A-No lo sé, pero la música era importante
B-¿importante?
A-La música aquí es elemental. Cuerdas.
B- ¿Cuerdas?
A-Se mueve entre cuerdas
B-Danza
A-No. Se mueve y luego respira agitada entre cuerdas de teléfonos, audífonos, instrumentos.
B- Tensa
A-No. Flota. Se suspende. Sorprende. Besa.
B- ¿Besa?
A-Y sigue besando porque todo empezó con una luna
Y la luna besa todos los días en los recuerdos y en las nostalgias y también en aquello que no pasó. En si no recuerdo la mirada, en si no recuerdo lo que pase mañana, en si habrá diciembres, en si habrá madrugadas, mientras la Luna sigue arriba, suspendida, observando diálogos absurdos que intentan conversarte. Sin promesas, solo lunas; sin testigos, solo historias. Y la música de tu sonrisa y de tus ojos que se ponen claros al medio día, del cabello alborotado, de verte esquivar ramas y farolas que te quedan enanos. Lo que no sé. Lo que no sabré. Lo que podría descubrir. La curva de tu espalda, el largo de tu cuello, las manías extrañas. Todos los fantasmas del pasado, del futuro y de lo que no sé si está sucediendo. Porque la luna trae historias raras, música, fantasmas y  algunas conversaciones inconclusas que no tienen por qué tener lógica ni fin.
B-La luna guarda momentos
A- Y a ella regresará una vez y otra vez y otra vez, porque todo comenzó con una luna
B- ¿Una noche de luna?

A- A-No, solo la Luna. Y había música.

jueves, 16 de octubre de 2014

Doce

Son doce palabras que pensar.
Juntas a las ocho de la noche
de las tardes más calurosas.
Silencios tranquilos
consuelo de los días cansados.
Embriagadas de presentes,
bailando al ritmo del sol.
Tu mirada en la mía,
la mejor contadora de nuestra historia.
Tuya y mía
doce palabras
Juntas, silencios, consuelo, embriagadas, tú, mirada
y lo que nos encontremos caminando.

jueves, 2 de octubre de 2014

El caso no resuelto de aquella mujer

En la casa más importante de un pueblo sin nombre, vive una mujer. No se sabe si es joven, vieja o si es una niña.  Tampoco se conocen el color de sus ojos y de su cabello; es más, hay quienes afirman que tiene muchos rostros o mejor dicho, cada habitante afirma que tiene uno distinto -que se parece a la tía de alguien, a la prima de otro; que si tiene pinta de pirata, de vampiro, de aguacil galáctico-  pero todos están de acuerdo en que como vive en la casa más importante, es imprescindible y así le aman.
Si bien en el pueblo, como siempre han enseñado los viejos, nadie es indispensable, la mujer desconocida  es la excepción. Basta decir que sin ella el pueblo sería como cualquier otro. Ella les da misterio, de ese que trae su propio encanto y desata no solo una gran historia aburrida, sino muchas, tan valientes, mágicas y estupendas como cada uno quiera.
La mujer misteriosa, que se parece a todos, pero no se parece a nadie, canta. Gracias a esta afición todos saben que sigue ahí. Hay cerebritos muy educados que han viajado a París escribiendo tesis y recibiendo menciones honoríficas precisamente por estudiar la importancia del canto de la mujer sin rostro. 
Nadie dice semejante cosa, ni siquiera se atreven a pensarlo mucho, pero todos en el fondo desean con todo su corazón que el canto nunca cese. Eso es egoísta, lo saben, después de todo nadie puede obligar a ninguna mujer a mantenerse cantando; sin embargo, si dejara de cantar todos serían miserables, vulgar y corrientemente miserables.
Ella los vuelve especiales. A todos en el pueblo y a las casas, a los pájaros, a las piedras de las calles y a las macetas llenas de rosas y begonias y hasta cactus que parecen crecer más bonitos en los corredores de las casas de aquel pueblo sin nombre.
Nadie sabe exactamente cuándo nació, ni de qué color es su aura –adivinos y psicomagos de todo el mundo organizan expediciones al pueblo solo para intentar descubrir alguno de estos dos misterios- pero hay niños y perros que han afirmado, balbuceando y ladrando respectivamente, que a veces brillan todos los colores detrás de las ventanas de la casa más importante, pero eso no ha sido comprobado.   
Sin embargo, todos los habitantes han llegado a la misma conclusión: no importa conocerla. Tampoco importa mucho cómo llegó a vivir en la casa más importante. Tampoco importa cómo se volvió imprescindible. Lo que todos quieren es que permanezca ahí.
En la casa más importante de un pueblo sin nombre, vive una mujer. No se saben muchas cosas de ella, a veces solo se sabe que existe y al parecer, eso es suficiente.

lunes, 14 de abril de 2014

Siempre

El cursor, pensó, palpita al mismo tiempo que mi corazón. Su pensamiento fue cursi, lo admito, pero algo extraordinario había en el intento de convertir aquel instante en algo trascendental. Palpitaba con su cursor y aquello le dio la certeza de que era un buen momento para escribir cualquier cosa. Entonces escribiré, se decidió. El vértigo de escupir en palabras  sus emociones, de manera desordenada, pronto le provocó un nuevo acto de valentía. Debería enviarle un mensaje, se aconsejó. Por fin, después de los seis años que la había visto de todas las formas posibles, quizás aquella noche tendría la oportunidad de aceptar que solo la había visto con ojos de amor. Siempre. Pero quizá no, probablemente después de todo uno no va y regala mensajes cursis escritos al ritmo de un cursor.  Por otro lado, las ráfagas de valentía no son algo que deberían desaprovecharse. Mejoró su puntuación y corrigió algunas faltas de sintaxis, estaba lista para aventurar sus líneas palpitadas. A veces lo mejor es arriesgarse, se animó. Aferró sus manos a la orilla de la mesa. Esperando. Otra vez esperando, ella siempre la mantenía en espera (¿o ella se plantaba a esperar?)Pronto obtuvo respuesta. Corta. Certera: Siempre.   

lunes, 2 de diciembre de 2013

Son promesas
                               -desesperada sostiene que la esperanza es la ilusión más cruel
Supongo que sí
                               -sigue sorbiendo el aire azufrado
A veces la sal cura heridas
                               -susurra que no, que solo son suspiros sin suerte
Insisto en las sábanas azules de la infancia
                              -las nostalgias son también crueles amantes
Sostengo con las manos aquellas persianas
                             -siniestras esconden las sombras detrás de las ventanas
Sostengo la esperanza

                               -sostienes entonces mentiras que se van en las mañanas

miércoles, 28 de agosto de 2013

Veterana de guerra

La distraída confusión se hizo cargo del momento- si bien tal declaración es algo más que caos (si es que eso es posible)-. Sin tener a dónde ir, la veterana de guerra contemplaba aquel enorme montón de escombros que habían resultado de la última gran batalla (porque las últimas batallas suelen ser arrolladoras, terribles, desastrosas). Observó sus botas, que eran de suela dura, gruesa, con las que se pueden pisar hierros al rojo vivo, pedazos de vidrio, corcholatas  y hasta crayones; la verdad es que no eran tan importantes sus botas, sino la posibilidad que le ofrecían de escalar por encima de la montaña de escombros. Vieja, ella se sentía vieja, derrotada –aun siendo sobreviviente de vez en cuando manipulaba la vida solo con intuición, automáticamente, como los pulmones purifican el aire-, y en la derrota recordaba una y otra vez la última gran batalla. Habían cientos, miles, enfrentándose con un odio heredado, impuesto por los superiores que mandan al campo de batalla almas que no son las suyas pero que les pertenecen. Recordaba el rostro de su última muerte. Era un rostro bello (honestamente, la belleza se la otorgaba por la necesidad de no admitir que era un rostro muy similar al suyo, que consideraba horrible). En el último segundo de aquel día lo había visto de frente, sin casco, sin ametralladora, sin bomba, peleando con toda la fuerza de sus puños y la convicción, que ya dijimos, era de otros. La vio venir hacia ella empuñando sus manos con fuerza. Un golpe, solo uno hubiera bastado para que la victoria perteneciera al otro lado de la balanza. Justo cuando divisó los nudillos dirigidos hacia el espacio en medio de sus ojos, recordó sus años de bailarina (aquellos remotos 15 años de usar tutú rosas) y escapó del ataque con la elegancia del mejor maestro de combate. La enemiga se desbalanceó (un error terrible) y cayó de bruces sobre un charco de tierra y sangre (sangre que era tanto de aliados como no). La veterana, al verla indefensa, se dejó caer de rodillas y sin importarle la bélica situación evitó que la enemiga se ahogara en aquella porquería. La tomó entre sus brazos a pesar del peligro latente y limpió su boca y nariz para evitar que la última sobreviviente, además de ella misma, muriera. “Todo va a estar bien, la guerra ha terminado” le decía, una y otra vez, primero para convencerla, después para convencerse, pero la enemiga se retorcía y pataleaba sin dejar de pellizcarla por todos lados. “Cálmate, todo terminó”, optó por cambiar de argumento, pero no había cambios en el comportamiento de la del rostro bonito. Seguramente fue el cansancio de todos aquellos días de guerra lo que hizo que la enemiga por fin dejara de resistirse a sus cuidados. “No puedo caminar más”, le dijo a la veterana cuando la primera estrella brilló en el cielo, totalmente ajena al desastre que bajo el manto de la noche se ocultaba. “No hace falta, vendrán a rescatarnos” le aseguró la veterana. “No podrán rescatarnos a las dos”, “¿Por qué lo dices?”, “Porque así son las cosas, no pueden haber victoriosos y derrotados en igualdad de circunstancias”, “Yo no me considero victoriosa”, “Yo tampoco”, “Entonces me da lo mismo si me comen los lobos”. Rieron, la situación era tan absurda que no había cosa más cuerda que reír. Se tomaron de las manos y esperaron el amanecer, medio esperando lobos que nunca llegaron. “No pueden haber dos sobrevivientes de bandos contrarios”, dijo la enemiga aún unida a las manos de la veterana. “Entonces seremos amigas y nos iremos a vivir lejos, muy lejos de la guerra, comeremos ciruelas y beberemos vino los domingos, sin responsabilidades”, “La guerra siempre nos seguirá, nunca olvides los escombros, nunca olvides los charcos de sangre y nunca olvides que siempre habrá que sobrevivir” y con el último suspiro destrenzó sus dedos de la mano amiga para dejarlos caer sobre el lodo. Había muerto, os e había dejado morir. Lo que pasó después, la veterana no lo recordaba (como pudo haberla enterrado y dedicarle una oración, igual pudo haberla dejado ahí tendida),  fue consciente de lo que ocurría alrededor suyo hasta que al medio día se encontró en la sima de la montaña de escombros, mirándolo todo sin ver nada. Era la última sobreviviente, la que había ganado todo (tierras, riquezas, prestigio y poder), dueña era de todo aquello que veía, incluso de la manada de perros salvajes que se acercaban al lugar, carroñeros. 

domingo, 18 de agosto de 2013

Y te llevas

Y te llevas tres partes de mi alma
y van a morirse mudas
tres personas que soy en nuestra intimidad
esa que desprecias
desgarras
conduces al mismo vientre de la desesperanza
y entonces
nada
soy despojo, sobras de lo que construí para ti
una cosa vacía
que se retuerce sin saber hacia dónde doblarse
porque todo ángulo duele
arde
pica
porque mi cuerpo está tendido
alumbrado solo con recuerdos que son tridentes asesinos
quiero abrir un hueco y enterrar la cabeza en las paredes
morder fango
comer estiércol
para sentir algo por lo menos
quiero que bebas mi sangre
para que sientas lo amarga
lo caliente
y ponzoñosa que se ha vuelto
quiero que te arrastres conmigo
y que dejes de dormir

porque yo no puedo.

viernes, 28 de junio de 2013

Marciano

Del primer día que te vi, tengo el recuerdo nítido el sabor de la gelatina de limón del hospital. La mejor gelatina de la vida. Mamá tenía la cara cansada y se había comido todo, menos la gelatina de limón. Eras chiquitita, te parecías a mis muñecos. Mamá me dijo: esta es tu hermanita, y yo pensé que era un día perfecto porque por fin, después de tanta espera, habías llegado y además había gelatina de limón. Yo tenía casi tres años. Es curioso lo que uno recuerda; a mí me gusta recordar colores o, mejor dicho, es lo que más recuerdo (como los pececitos naranjas, las flores rojas, los sillones grises, los edredones con globos de todos los colores) y a ti te recuerdo verde. Eras tan rara, como un marciano, porque eras verde, o la gelatina era verde y luego tu color favorito fue el verde… ¿ves? eras un marciano. La cosa más rara, chiquita, como venida de otro planeta: el planeta de la panza de mamá.
Y entonces nos tocó crecer juntas y llorar juntas y ver cómo mamá y papá  se querían y luego no, enfrentar monstruos, correr bajo la lluvia, nos tocó sabernos imperfectas, pelearnos, pelearnos, jugar y jugar, querernos y formar un grandioso equipo de dos.  

Del primer día que te vi, recuerdo la gelatina de limón y haberte puesto tu nombre, creer que eras una cosa muy rara y saber que en este mundo no había alguien más parecida a mí.

jueves, 14 de febrero de 2013



Coloquial.

Una historia de amor de mamá, otra de papá, de los dos juntos,  después a lo mejor de cada quien por su lado. Amor de hermanos, hermanas y otra vez papá y mamá, incondicionales. El primer amor en la secundaria, ese que no se podía ni ver a los ojos porque seguro se decía lo más tonto y se caminaba como bailarina de piernas de arroz con leche.  El platónico de la parada de la combi; el otro platónico del interior de la combi. El amor de verano, que cae en cliché porque la verdad es que en nuestra ciudad no se identifica del todo el verano.  Luego el desamor, y descubrir al amor de los amigos, de los videojuegos, de la música, de pasar el rato. Y que nadie te quiere, y que no, y que sí. El segundo amor que decides olvidar pero de vez en cuando te hace sacudir la cabeza, medio arrepentida, medio divertido, medio, media.  Desilusiones, ilusiones, decisiones. Tiempo. Porque el amor es también de tiempos, de momentos, de coincidir. Y entonces sus ojos… uff sus ojos, uff su sonrisa… y es lo que me completa, lo que me hace plena, feliz. Amor bonito. Problemas. Pasión. Amor. Conversaciones en cama, flatulencias..., risas, tantas risas, tardes, noches, estrellas, smog, estrés, consuelo, apoyo, silencios, deliciosos silencios.  Compañera del camino, compañera de la vida, mi amor.
“En la antigüedad los seres humanos teníamos dos cabezas, cuatro piernas y cuatro brazos”. Ahora hay hornos para hacer prótesis a esos seres que de pronto nos hacen Uno.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Confesión redundante

Tan enamorada de la vida
de la muerte
del abismo en que me encuentro por amor
Enamorada de tus ojos
de tus manos
de tu sexo imaginado
de la manera en que imaginas que soy
Tan enamorada de quien me gustaría que fueras
enamorada del sol
del atardecer que viví contigo
enamorada del recuerdo
de tu ideal
del espejismo  de ti
Tan enamorada del destino
de la inconsistencia y del azar
enamorada de las horas que no han sido
enamorada de las que nunca serán.
Tan enamorada como niña
como risa como enojo como odio como loca
enamorada con instinto
Tan enamorada del deseo de un poco más de ti
enamorada en silencio a gritos
enamorada en tedio
enamorada en juegos
enamorada disimulada cínica triste
enamorada eterna y redundante
Tan enamorada sin voz de amor
enamorada amiga fiscal y Antígona
enamorada del reflejo del espejo de Alicia
enamorada de mujeres de hombres de momentos
Tan enamorada del surco de tu cuello que palpita
enamorada de mí perdida
enamorada de tu amor que no es mío
enamorada tu eterna enamorada.

En s

A Mima.


La reina, abeja en otros cuentos, lloraba desconsolada junto al brillante ataúd que hería con su fortísimo color caoba.
"No puede ser", se repite y llora desconsolada, tan perdida en su dolor que no distingue de quién es el hombro en el que se apoya.
La felicidad fue antes, no más. Se pregunta si este final significa que debió aprovechar los bueno tiempos un poco más.
La tristeza de esta tarde perdurará aún sobre las cenizas de la reina, ya no teme nada, todo lo ha sentido ya y sólo permanece, vieja sabia, como el chicozapote en el patio de mi otra abeja sobreviviente.
Ya nadie alivia su tristeza, algo más que un cuerpo murió, algo inefable, tan real como la partícula de Dios, tan de moda.
Mi abeja, vieja hoy más que nunca, llora desconsolada, se despidió del amor que nació de su entrañas. Apenas zumba, solloza, sabe sonar su susurro alado, triste, desconsolado y ya no vuela, apenas está suspendida en cada instante.

jueves, 7 de julio de 2011

Sobre el amor de una princesa


La duda en el corazón de la princesa crecía, como crecen la soledad con los años, la avaricia con el dinero, y la vanidad con la vanidad.
-Nadie conoce su destino, pero, siendo princesa, es normal un poco de egocentrismo.
Sentada en el borde de su cama, observa medio adormilada su zapatilla de cristal, con la suela astillada.
- Y no es culpa del oporto fino que bebió en la fiesta de aquel Marqués francés de dudosa reputación.
En su cabeza se mezclan letras de canciones que solo la confunden más. Ojalá la vida fuera como cantar, piensa, donde, después de tres minutos y veintiocho segundos, puedes cambiar de motivos.
                               - La duda es sobre amor, porque todos dudamos de él, por él y para el amor.
La princesa duda ahora sobre si sabe amar o no.
- Pobre, ignora que las reglas no existen en este ámbito, dijera ella, tan propia, eso no se sabe, inaprensible, solitario, el amor se manifiesta perfecto en cada imperfección. Como el ser humano.
La princesa se envuelve en sí misma, se abruma con su pensamiento que se mezcla con el de tantos que hay queriendo desnudar el amor.
La princesa se desnuda y con cada prenda suelta las ataduras que la vinculan a este mundo. Quiere entender por qué el amor no llega, y se abandona. Toca su cuerpo. Palpa su piel.
                               - Ella está entrevistándose, reconociéndose.
La vida es la curiosa intervención de otros, por separado, ilusoria, circunstancial, piensa, de nuevo tan propia, intervenciones necesarias que no alivian soledades, pero que reflejan el rostro del peregrino.
La princesa, desnuda, piensa en el amante vacío a su lado.
                               - ¿Siempre estuvo ahí?
Su cuerpo palpita
                               - Ansiedad
                               - Placer
                               - Vacío
                               -Todo
Al mismo tiempo sigue dudando alcanzar el amor.
                               - Le susurro: “canta”
Ella recuerda un arrullo de su Madre y acaricia el cuerpo, también desnudo del amante. Caliente.
                               - Y comienza a vestirse, cantando.

Sopa de letras y brujas

Eran más de las dos horas de la mañana, si es que ese tiempo existe. 
El consejo de brujas discutían al abrigo de la noche, mientras, con pura disposición a homenajear a los hermanos Grimm, observaban el burbujeante caldero en el que se recocía la sopa de letras tradicional.
Yo observaba, estupefacta, desde unos arbustos, sin hacer el menor ruido por miedo a ser descubierta y tener que ceder mi cómoda soledad.
En el caldero se hervían las letras de una sopa incongruente; la ebullición funcionaba perfecta como score de la escena. Si hubiera podido aplaudir, lo hubiera hecho, aunque el hubiera no exista, por la perfecta caracterización y montaje.
Las brujas, hermosas por cierto, contradiciendo casi todas las imágenes e ilusiones que de ellas puedan tenerse, excepto, quizá, las germanas, suizas, suecas, francesas, brasileñas, japonesas, mexicanas... excepto, mejor dicho, aquellas que chocan con un imaginario colectivamente benévolo con su mito; ellas, las tres que yo observaba y recocían una sopa de letras, eran realmente bellas.
La primera, desde mi punto de vista, guiaba la conversación por rumbos desorbitados, hablaba de galaxias lejanas, magos, princesas, que habían perdido la cabeza ante una sola de sus miradas.
La segunda jugueteaba con la sopa; sus intervenciones conversacionales se sometían al azar de la letra que burbujeaba en el caldero, a, arañas, c, cabeza de coco, x, Xochimilco...
La tercera se concentraba en el fuego que alimentaba el caldero, reía, presente, bien presente, pendiente de los magos, princesas y galaxias de la primera. 
En el caldero se cocían las letras de las palabras que designarán el futuro. Ellas son las tres hermosas cocedoras de la sopa de letras del destino. 
Se desborda el caldero y un chorro de letritas se resbala y leo "aqui", sin tilde.