viernes, 23 de abril de 2010

De regreso

Ah.. estuve fuera un buen tiempo. Trabajo y cosas. Pero si no se les ha olvidado aún, traigo la segunda parte de "Será" próximamente.
Aprovechar el día y no babear demasiado a Liv Tyler en su comercial de ese perfume...
:)

Burbuja

Había una vez una burbuja de jabón que nació del aliento de un niño y un aro de alambre. La burbuja estaba suspendida sobre dos mujeres enamoradas la una de la otra, sin importarles demasiado los contratiempos de la, cada vez menos, inusual situación.
La burbuja flotaba sobre ellas en el malecón. De una de las mujeres tomó la idea de regresar al mar para ser libre y feliz. Así lo hizo.
Mientras las dos mujeres se amaron, la burbuja, ahora espuma, viajó a muchos lugares, entre tormentas, cruceros, delfines, tiburones; siempre segura de que su destino en la corriente marina era el correcto y que no importaba mucho lo que vendría al día siguiente, pues daba miedo. La burbuja tenía miedo de desaparecer, de encontrarse con un monstruo, de secarse bajo el sol y convertirse en sal. Pero sobrevivió y viajó y viajó sin preocuparse por lo que hacían aquellas amantes, hasta que un día se topó con una de ellas, que sonreía.
Por poco no la reconoce, pues no la recordaba sola; se veía diferente, un poco más grande, un poco más morena, con el cabello mucho más largo; pero ahí estaba con su sonrisa y sola.
La burbuja pensó en su destino y se vió a sí misma convertida en espuma y pensó en el cambio, en que las personas y las burbujas cambiamos, pero ella, aún convertida en otra cosa, en su mente y en su corazón era redonda y flotaba, también a la deriva, pero en el aire y no en el agua.

viernes, 23 de octubre de 2009

Burócrata

Ella extiende el trozo de tela para limpiar su escritorio. Limpia con cuidado cada segmento donde el color caoba de la superficie parezca opaco. Sus manos se mueven sin ritmo y de una forma común, igual que todos; en ella a simple vista no hay nada diferente.
En pleno siglo XXI usa fijador como lo hizo su abuela materna en los 60’s; su cabello no se mece con el viento y mucho menos lleva perfume a las narices de los caballeros que se pierden en sus curvas marcadas, también como aquellas bellas mujeres de los 60’s. En su mirada nadie percibe su historia, sus accidentes, sus dolores, sus angustias, sus derrotas, la desilusión de la vida misma que ella, con su anacrónica liga para el cabello rematada con dos esferas de plástico, se niega admitir. Ella no termina de aceptar esta vida, y por eso los observa a todos.
Cómo se mueven, cómo se hablan; ella los ve como títeres en una eterna función de circo. Vive sola por necesidad, pero sin darse cuenta, se siente tan cómoda sintiéndose abandonada que maquillarse todos los días para ir al trabajo no es otra cosa que un nimio acto heroico del rubor y las sombras; una máscara para hacerla parecer engreída, para atraer con colores chillantes la atención que no necesita, colores chillantes que combinan con los zapatos y la camisa. Quiere parecer ingenua, evitando palabras groseras y tonos elevados en su voz, pero es quien conoce más sobre la vida pues conoce más sobre el dolor. Habla de la muerte de su madre, de su padre ausente y de su novio ingrato con la naturalidad de una vieja; una vieja a quien no le cuentas nada, quien te aconseja y tiene siempre un bonito pensamiento para regalar.
Debiera vender palabras ahí sentada en el escritorio que cuida con tanto celo. Quizás es un hada, o un ángel, o un pequeño demonio que se burla de todos los que pretendemos saber porqué estamos aquí; quizá solo es un espíritu en el limbo de la vida, recuperando los recuerdos de su infancia, un alma vieja que intriga, que encanta. De su bolsa hoy no sacará empanadas, sino expresiones indescifrables, palabras que no terminan de significarse, así como ella, atoradas en significado, atoradas en el mundo. Sobreviviente de este tiempo como muchos, limpia y limpia su escritorio sintiéndose burócrata, es espera del siguiente trámite para continuar suspendida.